martes, 20 de noviembre de 2007

Haimar Zubeldia, sin levantar los brazos (y II)


Tras su gran Tour de 2003, Haimar dio su salto de calidad definitivo. Fue tentado por otros equipos, extranjeros en su mayoría, para unirse a ellos y dejar Euskaltel. Finalmente, dijo no a todas las ofertas para quedarse en su equipo de toda la vida, mirando a 2004 con la ilusión de entrar en el podio del Tour.

Volvió a repetir la fórmula de 2003, centrándose en el calendario español. Séptimo en Alcobendas, tercero en Asturias, quinto en Bicicleta Vasca… los triunfos no llegaban, pero los presagios eran buenos. Sin embargo, todos estos presagios se derrumbaron en Wasquehal, donde tanto él como Mayo cayeron al suelo, se atrancaron en los difíciles tramos de pavé dispersos durante la etapa y finalmente perdía cuatro minutos en meta. Acabó abandonando, derrotado, en Plateau de Beille. Después acudió a la Vuelta a España, donde realizó un gris papel (40º).

28 años ya. 2005 era el año de la reivindicación, debía ser el año de Haimar: el año de demostrar que 2004 era un bache, que él seguía siendo tremendamente bueno. Hubo cambio de fórmula para preparar el Tour, usando el Giro de Italia para ello y sacrificando la Vuelta a España. En Italia hizo un papel gris (49º), pero todo era un compás de espera hasta la gran ronda francesa. Durante ella, los focos se centraron en su compañero Iban Mayo, que fracasó estrepitosamente quedando en un insignificante 60º lugar. Haimar, por su parte, hizo una carrera de menos a más que le valió un décimo quinto lugar que no pasará a los anales de la historia pero que, en aquel momento, le sirvió para reafirmarse como corredor. Un séptimo lugar en la Clásica de San Sebastián terminó de conformar otro año gris.



En 2006 Haimar tomó el modelo Lance Armstrong, o el modelo de no competir apenas hasta el Tour. Octavo en Bicicleta Vasca, décimo en Castilla León. De nuevo poco bagaje en la salida de la gran ronda francesa. Y ahí realizó una buena actuación, superando el nivel de todos los años anteriores salvo 2003: una regularidad extrema (en las jornadas clave jamás superó el séptimo lugar, pero nunca bajó del vigésimo) le llevaron al noveno puesto de la general final (octavo si “descalificamos” a Floyd Landis). La Vuelta a España, nuevamente gris (34º), cerró una buena temporada en lo que respecta al Tour, pero que resultó más movida en invierno que en verano.

Y es que ese año 2006 se vivió una auténtica revolución en Euskaltel, con la llegada a la cúpula deportiva de Igor Galdeano… y la salida de Julián Gorospe. Galdeano llegó con intención de limpiar el corral, un corral lleno de gallos acomodados cuyo rendimiento estaba por debajo de lo que podían dar. Nadie tuvo su hueco asegurado, y se cayeron del equipo pesos pesados como Iker Camaño o, sobre todo, Iban Mayo. Haimar no tuvo resuelto su futuro hasta bien entrado noviembre, cuando accedieron a renovarle tanto a él como a su hermano.

Así, llegó a 2007 con 30 años y con la intención de que “se verá a otro Haimar”. Esto es, anunciando una mayor combatividad por su parte. De nuevo focalizó su temporada en Tour y Vuelta, pero esta vez preparándose en el calendario internacional, donde apenas sí consiguió buenos resultados; lo mejor, octavo en el GP Paredes portugués. De nuevo, Haimar llegó a la salida del Tour de Francia con todo por demostrar. Y lo demostró: combativo, filtrándose en fugas, pero regular como siempre, firmó un destacado quinto lugar en París. Bordeó el triunfo en Loudenville (tercero tras Vinokourov y Kirchen), pero la victoria se le siguió resistiendo. Completó una Vuelta a España anónima una vez más (44º). Pero con el Tour fue suficiente.

Esta es la historia de Haimar Zubeldia, uno de los ciclistas españoles más conocidos y respetados del pelotón internacional. Todo ello a pesar de que sólo ha ganado dos veces… y en ninguna alzó los brazos en señal de victoria.

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