viernes, 12 de marzo de 2010

La leyenda de Contador en París - Niza


Hay veces que existe una relación especial entre un corredor y una carrera. Le sucedía a Cunego con Lombardía y le sucede a Contador con París - Niza.

En esta ronda ha escrito muchas de las mejores y más recordadas páginas de su carrera deportiva. En 2004 dio en ella sus primeras pedaladas al máximo nivel y, siendo un bisoño proyecto de superclase de apenas 21 años, fue capaz de colocarse quinto en la etapa prólogo ante algunos de los mejores especialistas de la lucha individual de aquel momento, incluyendo los dos campeones del mundo contrarreloj de aquel año: David Millar, ganador en la carretera que en agosto perdería el título tras reconocer haberse dopado, y Michael Rogers, que ha pasado a la historia como arcoiris legítimo. También fue protagonista en la etapa final de esta misma edición, donde únicamente un momento de debilidad en el Col d'Eze le apartó de discutirles la victoria de tú a tú en Niza a dos grandes como Denis Menchov y Alexandre Vinokourov.


Para Contador fue el inicio de una correspondencia con la París - Niza, de una relación recíproca donde ambas partes han ido alimentando su respectiva leyenda. Sólo el veto que impidió a Astaná disputar las pruebas de ASO en 2008 ha privado al madrileño de disputar una edición de esta ronda por etapas. Por el camino ha dejado constancia de su progresión. Pequeñas muestras, fulgores provenientes del cincel de la experiencia modelando el talento de un corredor prometedor que poco a poco extrae de sí mismo el superclase que lleva dentro mientras su propia ambición y su juventud le ponen zancadillas.

Ejemplo de esto es la edición de 2007, la primera en la que Alberto se hizo con la general final. Tras unas buenas prestaciones en el prólogo (5º), cedió una veintena de segundos respecto al resto de favoritos en una emboscada en los últimos kilómetros de la segunda etapa que le confirieron ventaja al que resultaría ser el otro contendiente por la victoria absoluta, Davide Rebellin. No pudo recortárselos en el final en alto de Mende, donde el madrileño se impuso al italiano sin marcar distancias significativas. No quedaba sino atacar en los dos parciales que ofrecían terreno propicio para ello, con finales en la cinematográfica Cannes y la soleada Niza.

Camino de Cannes Alberto Contador compuso una de sus anécdotas más recordadas. Se subía el Col de Tanneron y el madrileño aceleró para distanciar a un Rebellin que, impotente y sin equipo, no reaccionó. Se llevó a su rueda a David López (Caisse d'Épargne), y cazó a Luis León Sánchez, coequipier del vizcaíno, que circulaba por delante. En cabeza, con apenas una decena de kilómetros por recorrer y unos treinta segundos sobre el pelotón, Contador parecía capaz de derrocar al líder Rebellin con ayuda de sus improvisados colaboradores en la tentativa. Sin embargo, un tirón en un repecho encendió la mecha de Luis León, que atacó a su otrora compañero de escuadra en pos del triunfo parcial, desarbolándole. Los gritos de Alberto rogándole que se detuviera y colaborara con él ("¡Luisle! ¡Luisle!") forman ya parte del anecdotario ciclista. Aunque fue neutralizado por el gran grupo en Cannes, Alberto fue a la postre capaz de salir victorioso tras imponerese en la última etapa en Niza con un margen sobre Rebellin que le dio también la general.

No tan feliz fue el final la París - Niza del año pasado. Un Contador en estado de agitación por la repentina compañía del heptacampeón del Tour Lance Armstrong no supo dominar sus nervios (ni su ambición) en el penúltimo parcial de la vuelta. Contador ostentaba el liderato gracias a una incontestable exhibición en la Montagne de Lure, pero se desquició al ver cómo su equipo se venía abajo con treinta kilómetros por recorrer. El madrileño no supo conformarse al verse en cabeza junto a Colom y Luis León, muy lejos en la general como para arrebatarle su maillot amarillo. En una situación propicia para defender su liderato en solitario, no tiró; dejó llegar a su altura a más rivales y acabó acribillado a demarrajes, claudicando en favor de Luis León Sánchez. Desfondado. Dejando una triste imagen donde era rebasado por grupos de corredores descolgados que le observaban con sorpresa. El polémico comentario de Lance Armstrong en su Twitter, "amazing talent but still a lot to learn" ("gran talento pero mucho por aprender"), no fue gratuito. Pero abrió una herida en Alberto, que trató de resarcirse infructuosamente con un ataque lejano al día siguiente en la clásica etapa de Niza. Fue la semilla de una ruptura en el seno de Astaná que acabó por salir a la luz en pleno Tour de Francia.

Hoy Alberto Contador ha ampliado la parte dorada de su leyenda en París - Niza con una portentosa victoria en el Col de Mende que ya le viera ganar tres años ha ante Davide Rebellin. Su equipo Astaná desarrolló un trabajo magnífico y, si bien le dejó algo solo en los compases finales de la etapa, también le colocó el triunfo en bandeja. El superclase que empezó su carrera en la estructura de Manolo Sáiz no necesitó siquiera demarrar de forma violenta; lo hizo progresivamente, con un ritmo constante que le lanzó el corredor de Française des Jeux Christophe Le Mével y con el cual fue eliminando uno a uno a sus rivales: Tondo, Kreuziger, la sensación Peter Sagan... incluso el líder Jens Voigt cedió ante el empuje del madrileño. Sólo Valverde, 'Purito' Rodríguez y un Samuel Sánchez que se vio perjudicado por una pésima colocación al inicio de la subida fueron capaces de reaccionar, pero lo hicieron sin solvencia. Había una diferencia, mínima, entre la velocidad de Contador y la del resto; la diferencia de talento que inclina la balanza en favor del que es ahora mismo el mejor vueltómano del mundo.

La relación de amor y odio de Contador y la París - Niza se prolonga una edición más. Por lo pronto sólo ha aparecido la parte dulce; quién sabe si, por esta vez, la carrera francesa sólo se va a portar bien con Alberto y a dejarle campeonar con la suficiencia que su talento merece. Quién sabe si la ambición volverá a complicarle la carrera a Alberto de aquí hasta la llegada final en el Paseo de los Ingleses de Niza...

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