viernes, 7 de mayo de 2010

Las dudas de Carlos


Mañana empieza en Rotterdam una nueva edición del Giro d'Italia, la 101, que ha apostado por un recorrido clásico y repetir fórmulas ya experimentadas. Los corredores se preparan con mimo: la 'maglia rosa' es un trofeo codiciado, distingue no tanto al mejor vueltómano en general como al mejor fondista, al hombre capaz de aguantar catorce días de competición repletos de emboscadas y llegar fresco a la temible última semana, con decenas de puertos de montaña salpicados por su trazado. La nómina de máximos aspirantes, de aquellos con derecho a soñarse en lo más alto del podio de Verona, la forman Cadel Evans, Alexandre Vinokourov, Ivan Basso y el español Carlos Sastre.


Todos llegan con mayores o menores dudas a Rotterdam. Basso admitió recientemente haberse encontrado demasiado corto de forma en el Giro del Trentino. Evans sabe a su equipo, BMC, muy inferior al de sus contrincantes. Vinokourov, por su parte, contempla decepcionado cómo el público no se alegra por sus victorias sino todo lo contrario; además, entiende complicado que aguante en el estado de forma óptimo el mes y medio necesario para imponerse en Lieja como hizo hace dos semanas y en el Giro, como debería hacer dentro de tres. Y Sastre...

Este invierno ha sido muy largo para Carlos Sastre. Casi ocho meses de parón competitivo. El abulense necesitaba vivir a cámara lenta por un tiempo, "estaba agotado física y mentalmente". Construirse una escuadra para sí mismo, con el apoyo de Cervélo y de otro gran corredor como Thor Hushovd pero básicamente cargándolo a sus espaldas en solitario, fue demasiado. "Es como aquello de que los hombres no podemos hacer dos cosas al mismo tiempo", explica divertido. "Yo intenté a la vez ser ciclista y mánager, entrenar e ir a reuniones..."

Eso fue demasiado para él. La receta contra este agotamiento fue sencilla, hacer cosas distintas. "Disfruté de mi familia, fui a ver a Fernando Alonso al Gran Premio de Valencia, a un rally con el finlandés Mikko Hirvonen...". Desconectar. Sastre, Carlos, es al fin y al cabo una persona; se agobia y tiene un punto en el cual no puede más. La tensión le desborda. Como a todo hijo de vecino.

Le sucedió en el Tour de Francia del año pasado. Hundido por una mala actuación y desquiciado por el enfoque que muchos periodistas daban a la gran ronda francesa, centrándose en el duelo Contador vs Armstrong y despreciando el hecho de que era él, Carlos, el portador del dorsal número uno, se descolgó con unas declaraciones en contra de los medios. A Carlos no le quedó más remedio que rectificar, y aprovechó de paso para pedir perdón a sus compañeros en una nota de prensa que sorprendió a propios y extraños. Venía a decir que no se había dejado ayudar en todo el Tour, dejaba ver que el ambiente en el seno de Cervélo no había sido el mejor durante la ronda francesa y se culpaba de ello. El enorme papel de Heinrich Haussler y Thor Hushovd no debía ocultar el hecho de que él, Carlos, había estado muy por debajo de su nivel, agobiado y terminando en un decepcionante 17º puesto.

El Tour fue su colapso. Pero antes Carlos había realizado una temporada que sí colmaba las expectativas. Especialmente satisfactorio había sido su papel en el Giro, donde se erigió como mejor escalador de la carrera al derrotar en dos finales en alto a sus rivales: en el Monte Petrano los derrotó atacando desde abajo y rompiendo la banca con un ritmo infernal, mientras que en el Vesuvio demarró de nuevo de lejos, con menos chispa pero idéntico resultado. Llegó a Roma en cuarta posición de la general; los papeles reflejan una tercera debido al positivo de Danilo Di Luca.

El reto para este Giro es doble. Por un lado, recuperar sensaciones. Por otro, que esa presencia en el podio no sea sólo un número sino también una fotografía, sita esta vez en Verona. Si lo hiciera, sería el cuarto español de la historia en subir al cajón en las tres grandes vueltas; antes sólo lo han hecho José Manuel 'Tarangu' Fuente, el extraterrestre Miguel Indurain y el superclase Alberto Contador. La ocasión es buena; las sensaciones, mejorables. Sastre señala sus vacilaciones: "apenas he hecho ocho días de competición, por lo que tengo dudas de mi condición física".

Ciertamente, su calendario ha sido corto. Sólo ha corrido la Volta a Catalunya y la Lieja - Bastogne - Lieja, ambas carreras de altísimo nivel y ambas saldadas con actuaciones completamente anónimas. No puede decirse, por contra, que esto sea realmente un hándicap a la hora de enfrentar una carrera como el Giro donde lo decisivo se concentra en los últimos días de competición. Tal vez sea un buen plan. Lo que no es tan aceptable es que, siendo la 'corsa rosa' el gran objetivo del abulense, no haya tenido éste arrestos para ir a reconocer las etapas más importantes de la carrera. "Para eso están los directores", afirma despreocupado. Quizá piense Carlos que ya se preocupó lo suficiente el año pasado. De cualquier manera, será el tiempo quien dará y quitará razones, definiendo la realidad de las dudas de Carlos.

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