miércoles, 14 de julio de 2010

Un cuchillo para cortar las dimensiones

Difícilmente una etapa puede ser más rica en conclusiones que la disputada ayer en el Tour de Francia. La primera, la inevitable, es que será la más definitoria de esta edición de la Grande Boucle. Hoy el recorrido, el calor y los propios corredores han empuñado todos juntos el cuchillo para cortar la carrera y dividirla en tres sucesivas competiciones, en tres dimensiones distintas donde los corredores lucharan por tres gratificaciones diferentes, aquellas que quedan a su alcance después de que la jornada les haya mostrado sus limitaciones y sus fortalezas de manera inequívoca.

“Hay veces que me da la sensación de que los de la general y yo corremos en las mismas carreteras, pero no la misma carrera”, decía ayer por la tarde Robbie McEwen en su Twitter. Se había dado cuenta de por dónde iban los tiros. De cómo él, encuadrado en la dimensión de quienes luchan por las victorias de etapa, no se encontraba en el mismo plano que los dos que pelean por el maillot amarillo y la pléyade de corredores que buscan el peldaño del podio de París que dejan libre los dominadores. División efectiva, realizada por los cuchillos empuñados al unísono por todos los factótum de la carrera...

Alguno de ellos, incluso, se confundió ayer por esta multiplicidad de planos. Fue el caso de Luis León Sánchez, líder de un Caisse d’Épargne que camino de Saint Jean de Maurienne tomó por fin la actitud combativa que tanto se le ha reclamado y que tantos réditos puede darle toda vez que posee un nivel medio espectacular en su ‘nueve’, tal vez el mayor de la carrera. El murciano se encontró en la fuga del día, nacida a base de tirones y sin el beneplácito de un BMC que se negaba a dejar marchar una fuga peligrosa, con doce compañeros de fatigas de calidad que incluían dos coequipiers poderosos como Christophe Moreau e Iván Gutiérrez. Los dos se vaciaron en pos de las opciones de Luis León, que se quedó a mitad de La Madeleine (puerto final de la jornada) con sólo tres secuaces para llevar a término la escapada: Damiano Cunego, Sandy Casar, Anthony Charteau. Dos clientes peligrosos pero interesados por relevar para acercarse a la victoria de etapa, Cunego y Casar, y un buen perro de tiro como Charteau, francés de Bouygues que rara vez se había visto en otra y a priori se vaciaría por ayudar. 

Mientras duró el ascenso, sin embargo, no hubo colaboración. Luisle tiró solo y se dejó todas sus fuerzas; en el descenso no hizo sino ir a rueda de los generosos relevos de Charteau y los ratoneros esfuerzos de Cunego y Casar. En los últimos metros, cuando su dimensión confluyó con la de los candidatos al amarillo, su demarraje se vio solapado con el de Casar, ganador, y perjudicado por un trazado endiablado que situaba la meta en una curva a izquierdas. Una vez bajado de la bicicleta, contrariado, se expresaba: “Teníamos planteado coger la fuga para intentar sacar el máximo tiempo posible en la general. En el llano [tras la Madeleine] me comentaron desde el coche que tenía que pensar en la victoria de etapa pero cuando se cambia de opinión luego es difícil que salgan bien las cosas”. Pura confusión de roles, de dimensiones de la realidad...

Los dos que difícilmente olvidarán en que plano están serán los aspirantes a la primera posición de la general Alberto Contador y Andy Schleck. No lo harán porque se han esforzado para ostentar ese estatus en comandita, y si hay algo que no se olvida es el esfuerzo. Ambos salieron conscientes de que ayer era un día clave y para ello movieron a sus coequipiers. Andy introdujo a su potente Jens Voigt en la fuga del día; Alberto incordió en todo momento a BMC con los movimientos del ínclito Vinokourov, que atacó nerviosamente en varios momentos clave para desarmar a la escuadra de Cadel Evans... y lo consiguió. Una vez descapitalizado el equipo del líder, carente de patrón la carrera, fue el turno de Saxo Bank para acelerar el ritmo y dejar el grupo de hombres fuertes en treinta. Luego entró Astaná, que con Tiralongo dejó la selección en una docena de ciclistas. Y después llegó el tirón final de un Dani Navarro incomensurable, quizá la gran revelación del Tour, que dejó a Contador y Schleck definitivamente en una dimensión aparte a la que luchó por entrar sin éxito un motivado Samuel Sánchez. Madrileño y luxemburgués lucharon entre sí; aprovechando que aún tenían los cuchillos en la mano, Andy asestó varias puñaladas que no hicieron sangre en Contador. Se miraron entonces y decidieron que, a bien que sólo quedaban dos en la dimensión, se llevarían bien. Al menos, hasta Saint Jean de Maurienne.

El resto de los Quince (Catorce en carrera) de quienes llevamos hablando todo este tiempo en Arueda conforman el último de los planos de la carrera, el de aquellos que lucharan por el tercer puesto. Samuel tiene la ‘pole’; parece ir con un puntito más que el resto y, de hecho, ya posee ese codiciado tercer lugar de la general. Tras él Gesink, Menchov, dos invitados de lujo como Leipheimer (capitán de RadioShack por deceso de Armstrong) y un Joaquín Rodríguez que se mantiene en la pomada para sorpresa de quienes esperábamos verle luchar por etapas sin mayor pretensión; en otro plano de la carrera... Y Van der Broeck, Basso y Kreuziger, que quizá cedieran ayer más de lo esperado, sobre todo en el caso del checo. Aunque para concesiones las de Sastre y Wiggins, eliminados de la general por cinco minutos perdidos entre ascenso y descenso del tétrico Col de la Madeleine.

Aunque lo tétrico y trágico estuvo ayer, mayormente, centrado en la figura de un Cadel Evans que cedió, siempre sentado, nueve minutos. Nueve minutos que le costaban formar parte de las dimensiones de privilegio, aquellas donde se encuadraba cuando vestía la prenda amarilla. Siempre sentado, pero no por gusto sino porque corrió con un codo roto y no podía erguirse sobre la bicicleta. Algún día, el vigente campeón del mundo se retirará y todos hablaremos de sus rarezas, de sus extrañas relaciones con la prensa y el resto de los ciclistas, de su impericia para atacar y de la cobardía con la que corría hasta el año pasado. Ojalá no olvidemos, tampoco, su tremendo coraje y su capacidad de sacrificio, que como su carácter están fuera de lo común...

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