jueves, 14 de octubre de 2010

Sobre Paco Mancebo y la Operación Puerto, por Carlos Arribas

En primer lugar, hay que reseñar que el texto que sigue a continuación no es ni mucho menos un trabajo original mío. El autor del mismo es Carlos Arribas, de El País, y si no me equivoco constituye la ponencia que el periodista madrileño dio en las jornadas sobre "Los nuevos caminos del ciclismo" en Melbourne (Australia) con motivo de los recientes Campeonatos del Mundo. De hecho, el texto aparece en la página web de dicha conferencia. Es de justicia reseñar que accedí a este trabajo a través del blog Ciclismo 2005.

Desde un punto de vista técnico: la traducción es prácticamente literal, apenas desplazando comas de sitio e introduciendo notas para facilitar la comprensión del texto entre corchetes y, en algunos casos, con la etiqueta NdelT. Hay una única nota al pie, señalada con un asterisco. Como fuentes he usado un diccionario físico bilingüe (Larousse CompactPlus), un diccionario virtual bilingüe (WordReference) y otro virtual en inglés (extensión de Google Chrome). Sin más, el esclarecedor texto de Carlos Arribas; de mi opinión quizá dé cuenta en un post aparte.

La “Operación Puerto”, la intervención policial acaecida en Madrid contra una red organizada de dopaje, fue el resultado de la curiosidad de un detective, de un tentiente de la Guardia Civil que, tras romper algunas tramas de falsificación y distribución a gran escala de esteroides anabolizantes, quería saber cómo se organizaba el último escalón, la de distribución de sustancias y métodos entre los atletas. Para hallar esto, necesitó que un juez le autorizara a realizar ciertos pinchazos telefónicos y a vigilar a uno de los más reputados médicos deportivos de España, Eufemiano Fuentes.

Las consecuencias de sus hallazgos le superaron, la falta de entusiasmo de los jueces por sacar a la luz los secretos de Eufemiano le paralizaron. Lo suyo no eran las interpretaciones políticas, y al final le dejaron con la sensación del trabajo sin terminar porque ni las autoridades deportivas nacionales ni las internacionales quisieron terminarlo. Siguió desvelando la vida secreta de los deportistas de élite, las claves de un mundo que hoy, inalterado, sin tocar, sigue discurriendo y siendo manejado por las mismas personas que cuatro años y medio antes.

El Teniente Enrique es ahora capitán y se encuentra destinado en Afganistán, donde trabaja en los servicios de Inteligencia. Probablemente algún otro equipo de la Guardia Civil española esté pinchando teléfonos o vigilando e interceptando a Eufemiano y otros doctores. Algunos corredores implicados fueron sancionados y han vuelto a correr; otros aún están corriendo sin ni siquiera haber sido sancionados; otros están sancionados en este momento; otros retirados porque ningún equipo les quiere contratar; otros dieron positivo, fueron sancionados y no han vuelto; otros confesaron, han escrito libros, han dado entrevistas, se han arrepentido, han roto el código de silencio y no han sido aceptados de vuelta; otros siguen en el limbo, corriendo por una miseria en pequeños equipos de lejos, en carreras exóticas...

En la tarde del 23 de Mayo de 2006 Paco Mancebo sintió que su vida cambiaba para siempre cuando una radio española [N.delT.: Cadena Ser] informa de la detención de Eufemiano Fuentes, Manolo Sáiz y otros, así como del descubrimiento de docenas de bolsas de sangre en dos apartamentos en Madrid. Justo después un amigo telefonea a Mancebo, que está en su casa de Ginebra. “Estoy jodido, realmente jodido”, dice el corredor. “Una semanas antes estuve en casa de Eufemiano preparando sangre para el Tour. Dejé ahí un par de bolsas”. Toda la carrera y la vida de Mancebo se reduce a esas dos bolsas, junto a varias más que había dejado preparado en meses anteriores, y de repente se ve sumergido en un escéptico y paralizador estupor del cual le intenta sacar su mujer Luisa. “Algo hay que hacer”, dice, “algo tiene que poder hacerse. Y lo haré”.

Luisa piensa. En ese momento no ha sido revelado el nombre de ningún corredor implicado y, a pesar de que todo el mundo en el mundillo ciclista sabe que Mancebo es uno de los clientes de Eufemiano, aún puede evitarse que su nombre se haga público si coopera con la investigación. Unos días después, a través del CSD [N.delT.: Consejo Superior de Deportes], Mancebo se pone en contacto con Enrique, el teniente que había iniciado los pinchazos telefónicos unos meses antes, como en ‘The Wire’, monitorizando, interceptando e investigando los movimientos de Eufemiano Fuentes y sus amigos que iban a desencadenar la Operación Puerto. Mancebo se reunió con él un par de veces. Le ayudó a interpretar algunos documentos, a esclarecer las claves tras las sustancias prescritas por el galeno a docenas de ciclistas. Mancebo cuenta al teniente su vida.

Le explica como unos años antes su director, cansado de verle acabar siempre sexto o séptimo en las grandes carreras a pesar de su gran clase, calidad y capacidad de sufrimiento, le dijo un día: “Paquito, tienes que ir al médico, el médico decide quién gana la carrera, la clasificación general de la Vuelta y el Giro, todos los que no van con él no valen un pimiento”.

Paquito va y ve al médico, Eufemiano, que le hace sentarse en una silla y le pregunta: “¿cuánto te queda para acabar tu contrato? ¿Dos años? Pues el primero vamos a ir con calma, sin tomar riesgos, y en el segundo iremos con todo”. Le prescribe anabolizanes (“alubias”) para el invierno, EPO desde enero y HMG (HGH?) (“poder”) para las grandes carreras. La primera vez que tomó Andriol (el anabolizante), Paco no pudo dormir por la noche pensando que a la mañana siguiente un inspector de la UCI pudiera venir y pasarle un control antidopaje. Nadie viene y, a pesar de que Eufemiano intenta calmarle diciéndole que no hay peligro, se deshace de todos los medicamentos. A pesar de todos los tratamientos, a pesar de todos los riesgos, Mancebo no mejora sus actuaciones, ni las empeora: sigue donde estaba. Se rompe el mito. Mancebo no gana. Y tampoco lo hace al año siguiente, cuando comienza a recibir transfusiones de sangre. Un día va a la oficina de Eufemiano y éste le hace sentarse para extraerle más de un litro de sangre. “Eso es todo”, le dice, “cuando el Tour inicio la sangre te estará esperando en Limoges para el día de descanso, así lo organizo yo, tengo compañeros que se harán cargo de todo, no te tienes que preocupar de nada”.

Paco se lo cuenta todo a Enrique, que lo transcribe y se lo da para que lo firme como una declaración oficial para el registro, pero Mancebo rechaza firmarlo. Dice que no tiene nada contra Eufemiano, que le visitó voluntariamente, que le pagó regularmente por el tratamiento, que no tiene por qué traicionarle. Así que Mancebo pierde su inmunidad porque no quiso firmar una declaración que por otro lado ayudó en poco a la investigación.

Enrique, el teniente de policía español, debe instruir un caso de crimen contra la salud pública (recordemos que en Mayo de 2006 aún no había entrado en vigor la ley antidopaje que criminaliza la acción de quienes promueven u organizan actividades de dopaje) y para probarlo necesita pacientes, deportistas, que hayan puesto su vida en peligro por seguir las instrucciones de Eufemiano. Mancebo no puede ayudar con eso. No puede inventarse un choque anafiláctico, una reacción alérgica, una enfermedad derivada de las sustancias que le suministró Eufemiano o causada por transfusiones practicadas sin medios sanitarios sino el hoteles, casas o cuartos de baño de estaciones de tren.

Inevitablemente, el nombre de Mancebo aparece entre la lista de docenas de ciclistas del primer informe de Enrique. Ese precipitado y chapucero informe no lo produce la Guardia Civil a petición del juez, a quien le da igual los nombres de los ciclistas que dieron y recibieron sangre, sino de l Tour de Francia.

Una semana antes del Tour, El País empezó a publicar documentos encontrados entre los archivos que habían sido mantenidos en secreto hasta entonces. A la mañana siguiente, los ciclistas españoles boicotearon el Campeonato Nacional de ciclismo, que no se disputó por primera vez en su historia. Sólo dos corredores, Pedro Horrillo y Paco Mancebo, tomaron la salida. Dieron una vuelta al circuito y se fueron a casa.

El Tour, alarmado por la posibilidad de que algunos corredores implicados [en la OP] empañaran su carrera, pide un informe oficial al presidente del CSD, Jaime Lissavetzky (sic), para entregárselo a los equipos en una reunión mantenida en Estrasburgo con objeto de que éstos iniciaran una purga interna. Mancebo, como Basso, Ullrich, Sevilla y todos los corredores de Libery, deben irse a casa antes de la salida. Poco después AG2R, el equipo donde creía que iba a hacerse rico, le despidió, aun pagando el resto de su contrato.

Allan Davis está en la lista. Valverde no está en la lista

Como Mancebo, docenas de corredores quedan de repente en el limbo. No pueden correr porque se sabe que han sido dopados por Eufemiano, pero tampoco pueden ser castigados porque el juez niega a las federaciones las suficientes pruebas como para instruir un caso. Precisamente entonces, en agosto de 2006, es cuando todo se tuerce, todo se encalla en oficinas, los ciclistas se niegan a cooperar, falta voluntad política de sacar lecciones de lo aprendido en la Operación Puerto y organizar una comisión de investigación que esclarezca cómo de extendido está el dopaje en todo el deporte, de proponer una salida razonable para todos los ciclistas, saltarse la ley y empezar de cero en 2007.

El mundo del ciclismo organiza su Zonderkommando [NdelT.: unidad nazi especializada en eliminar reclusos dentro de un campo de concentración], los equipos lucharán unos contra otros por corredores más baratos, traicionarán a sus vecinos, pensarán cómo sobrevivir, se acusarán mutuamente, harán una lista negra, organizarán una caza de brujas.

La UCI y la AMA, ahogadas en papeleo, dejan todo en manos de sus abogados. Como francotiradores, las autoridades antidopaje alemana e italiana sólo se preocupan de castigar a los nombres más famosos.

No investigan las franquicias de la red de Eufemiano en sus propios países, los médicos que trabajan con él, que ayudaban a establecer “bancos de sangre” seguros durante Giro y Tour. Enrique colabora con Italia y Alemania. Les ayuda a encontrar agujeros lejos que les habilitarán para tomar muestras de las bolsas de sangre, hacer confesar a Basso, castigar a Ullrich y otros muchos. En Francia, donde también había ramificaciones, nadie hace nada.

En 2007 Mancebo corre en Relax, un equpio de segunda división que quiere dar una oportunidad a todos los perdidos en el limbo como Sevilla, Santi Pérez o Vicioso. Busca acuerdos con el CSD, quiere controles médicos oficiales, probar que puede empezar desde cero. El expermiento falla y se hunde una vez que la Vuelta rechaza la participación de los sospechosos. Al año siguiente Mancebo se va a Portugal, ganando 900 euros al mes. Nadie le sanciona, pero no hay ningún equipo importante que se atreva a contratarle. Está en la lista negra.

Alejandro Valverde también está en la lista negra, acosado y acusado desde todas partes, manteniéndose a flote sólo por la fuerza de su equipo Caisse d’Épargne. Su nombre es el símbolo de la Operación Puerto. Incluso cuando Eufemiano estaba bajo arresto en la comisaría de policía preguntó si irían a por Valverde, uno de sus clientes que aseguró que estaba envuelto*.

De cualquier manera, a pesar de que una lista de bolsas de sangre incluye la nota “Valv (Piti)”, Enrique no pudo encontrar suficientes pruebas, ni grabaciones telefónicas, diarios, calendarios de dopaje... como para añadir el nombre de Valverde a su listas. Manolo Sáiz y su mánager, Carlos Bueren, llaman a los periodistas: “¿por qué no habláis de Valverde?”, les retan, “mencionad a Valverde, no tengáis miedo”, y acompañan la invitación con un envoltorio de recortes de un diario [NdelT. Probablemente, AS] en el cual se ve a Valverde con su perro, llamado Piti. Y todo el mundo sabe que el perro de Basso se llama Birillo, y que todos los alias usados por Eufemiano son los nombres de las mascotas de los deportistas (excepcto para Mancebo, llamado Goku por el personaje de Dragon Ball) y se preguntan por qué Valverde sigue corriendo y ganando como si nada hubiera pasado.

Mancebo no significa nada y Valverde es el símbolo. Ambos sufren como presas de caza. La Operación Puerto se reduce a una persecución. La de Valverde acaba con una sanción mundial aplaudida por los supervivientes, que han conseguido cambiar únicamente lo justo para que el negocio siga siendo igual, a pesar de que el CONI se haya saltado todos los procedimientos legales, las precauciones normales, los estándares judiciales. La persecución a Mancebo, que tiene ahora 34 años, continúa y persistirá hasta que se retire. En 2009, gracias a su amigo [Óscar] Sevilla, exiliado en Colombia donde encontró el amor y un equipo donde sigue en su mal camino y acaba de dar positivo, Mancebo experimenta la locura del equipo yanqui Rock & Racing.

Incluso gana una etapa de la Vuelta a California, siendo líder hasta que el equipo RadioShack de Leipheimer tira en bloque para eliminarle y sufre una caída en la etapa reina.

En 2010 el equipo americano desaparece, Mancebo se queda sin empleo, participa en carreras de mountain bike y encuentra un espónsor griego para un equipo en Murcia [NdelT. Heraklion Kastro - Murcia]. Brilla en la Vuelta a México y el Tour de Utah, gana la Vuelta a Guadalupe. Viendo que su futuro parece asegurado con un gran espónsor, llama a su antiguo director Eusebio Unzué para que le contrate, para volver al ProTour cinco años después de la Operación Puerto. Unzué rechaza la opresación.

Ha recibido alguna información de la Federación Española. “Cuando el proceso por crimen contra la salud pública empiece contra Eufemiano, Merino Batres, Sáiz y otros acusados, pediremos al juez las bolsas de sangre”, le cuentan a Unzué, “y empezaremos con las sanciones, incluido Mancebo, así que no le contrates”.

El ciclismo sigue siendo lo mismo pero sin Mancebo que en Septiembre, en lugar de correr la Vuelta a España, corre la Vuelta a Bulgaria, donde acaba tercero y encuentra que aún hay carreras UCI sin controles antidopaje.

Unos meses después de la Operación Puerto, Enrique se encuentra a José Luis Merino Batres, propietario de un laboratorio de análisis clínicos y el hombre que organizara la logística de las transfusiones de la Operación Puerto, en la calle. Tras saludarle, le dice al teniente:

“El tío del que más me compadezco es Mancebo. ¿Sabes que tenía un hematocrito natural tan alto, 49, que no podíamos darle nada porque sería detectado fácilmente? Sólo le dimos placebos y poco más. Le engañamos durante años”.

* Esto no concuerda con informaciones anteriores del propio Arribas, que decía que Valverde no estaba entre los clientes de Eufemiano ni en la lista referida más arriba. Error de redacción, de transcripción... o de traducción N.delT.

6 comentarios:

Jarke dijo...

Gracias por la traducción.

El final me ha dejado hecho polvo.

Eduardo dijo...

Nada que no se haya dado por supuesto anteriormente, aunque tambien es cierto que este documento como tal no es más que una nueva elucubración con más o menos fundamento y con la credibilidad que uno quiera concederle.
Al final en toda esta macabra história, parece que la realidad supera a la ficción. Lo que si parece claro es que pagaron los más débiles o los más prescindibles, como queramos verlo.
De todos modos gracias por tu interés en informar.
Un saludo.

Alberto dijo...

Gracias y enhorabuena por el tremendo trabajo Fran!!

Sinceramente, Carlos Arribas no me gusta nada, como muchos periodistas de gran calibre. Como ahora, se hartan a defender al bueno, denigrando al malo, aunque en este caso parece que libra un poco a Mancebo con lo del placebo.....

No ha comentado ni una sola coma, de los deportistas que faltan en la lista.... en fin...

Fran Reyes dijo...

@ Jarke
De nada. Yo decidí traducir el texto, precisamente, al leer el final...
@ Eduardo
Nunca pagan los gordos. Lo dijo Quevedo: "Nadie verás castigar / porque hurta plata y cobre / que al que azotan es por pobre" [ http://www.franciscodequevedo.org/poesias.php?id=636 ]
Gracias a ti (y a Jarke) por vuestro interés de leer ;)

Un saludo!
Fran Reyes

Chuparuedis dijo...

Gracias Fran,

Vaya papelón el de algunos periodistas. La última parte no se si será cierto en el caso de Mancebo pero tengo sospechas fundadas que en caso de ser cierto no sería ni muchísimo menos el único caso. Creo que escribí algo sobre el tema hace 5 o 6 años. Supongo que es a causa de esto que se buscaron métodos para detectar la EPO y los certificados para corredores con hematocrito alto. Y para los controles de salud si a mi me los hubieran hecho hasta hace 6 años yo sería sospechosisimo por valores irregulares, cuando lo mas fuerte que tomaba era un par de cafes al día y una aspirina muy rara vez, vamos que el médico me llego a decir en varias ocasiones "descansa un par de meses para poder repetirte el examen medico porque es una locura los datos que obtenemos".

Es como el asunto del plastificante de contador, no hace falta ser un lumbreras para tirar por tierra la supuesta certeza de la transfusión, la documentación toxicológica del plastificante esta al alcance de quien quiera buscarla pues es uno de las sustancias que se buscan en la contaminación del agua, de ciertos alimentos y del "ambiente" de las viviendas.

Está muy bien controlar, examinar y demenuzar a los ciclistas pero con objetividad y sin tanta esquizofrenia y paranoia, y si que sean el arma arrojadiza de los diferentes intereses establecidos y como no sean los corredores los que pongan la primera piedra,... a ver que pasa con Lombardía sino queda en un gesto mas de cara a la galería.

Fran Reyes dijo...

@ Alberto
Arribas es un gran periodista, para mi gusto. El que mejor escribe el ciclismo de España. Luego ya, sus filias y sus fobias... son otro tema. Tiene colegas a los que defiende, pero la verdad es que creo que eso es algo inevitable... cuando uno escribe, siempre "beneficia" a sus colegas. Y si no, busca todo lo que yo he escrito de Xavi Tondo ;)

@ Chuparuedis
Estoy de acuerdo contigo en todo lo que dices. Se ha instalado a nuestro deporte en una paranoia sobrenatural, un árbol que impide ver el bosque. Tras los casos de positivo hay un deporte, creo yo, cada vez más limpio. Pero no nos damos cuenta porque lucen más aquellos que se meten algo, o que parecen habérselo metido...

Un saludo y gracias por comentar!

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