jueves, 9 de diciembre de 2010

Masaje mediático para encumbrar [y ocultar]

Decía Marshall McLuhan, uno de los más prestigiosos teóricos de la comunicación de todos los tiempos, que el medios es el mensaje (message) pero también el masaje (massage). Dicho de otra manera: lo que llega a nuestros oídos a través de los medios no sólo es información, sino también una distracción. Nos mantiene ocupados, nos hace pensar sobre determinados temas... Nos inocula ciertos mensajes implícitos. Nos hace permeables a otros posteriores. Nos hace olvidarnos de algunos otros...

Viene esto a cuento de la Operación Galgo salida hoy a la luz con Marta Domínguez como principal cabeza de turco mainstream y el entrenador Manuel Pascua Piqueras como chivo expiatorio para entendidos. Se trata de la cuarta operación policial a gran escala contra la trampa deportiva realizada en España desde que Jaime Lissavetzky es Secretario de Estado del Deporte, tras la Operación Puerto (Mayo de 2006), Operación Grial (Noviembre de 2009) y la parte del Caso Brugal referida al amaño de partidos del Hércules C.F. (Julio de 2010).

Ninguna de estas operaciones ha sido casual. Bien al contario, todas ellas han sido sacadas a la luz con un propósito determinado: encumbrar a Jaime Lissavetzky como político de primera línea, poniéndole en bandeja determinadas situaciones con las cuales el madrileño podía o bien hacer gala de grandes cualidades, respondiendo con diligencia y un proyecto de ley o actuación encomiables... o bien hacer olvidar fracasos hasta cierto punto sonados y restablecer su imagen pública.

La Operación Puerto no fue ni más ni menos que la antesala de la Ley Antidopaje puesta en vigor el 22 de Febrero de 2007. La Guardia Civil orquestó una operación inconmensurable, gracias a la cual se desmontó una de las redes de dopaje organizado más importantes del deporte mundial. El problema vino cuando llegó el momento de juzgar a los implicados: todos escaparon, prácticamente, impunes. Su “crimen” hubo de ser juzgado como delito contra la salud pública, con argumentos enrevesados en ese sentido complicados de sostener con eficacia... Este hecho, sin embargo, estaba calculado. La idea era poner de relieve el problema de dopaje existente en España para posteriormente sacar una ley “arreglándolo”... aunque costara enterrar las opciones de la candidatura de Madrid para organizar los Juegos Olímpicos de 2012.

Pero hubo algo con lo que no se contó. La justicia deportiva mundial no se iba a quedar tan pancha como la justicia española. La justicia deportiva querría nombres de deportistas implicados en esa red de dopaje para sancionarlos. Se pasó entonces a un proceso de tirar de la manta para taparse la cabeza a costa de dejar al aire los pies. De inmediato, lo que parecía una Operación contra el dopaje en el deporte quedó reducida, abracadabra, a una Operación contra el dopaje en el ciclismo. De repente, todos los atletas, nadadores, futbolistas o tenistas que Eufemiano había reconocido preparar desaparecieron de los papeles. Sólo quedaron ciclistas: ciclistas españoles relacionados con equipos afines al PP y ciclistas extranjeros que acabaron siendo juzgados por sus respectivos países. Y hubo otros nombres que se intentaron encubrir con mayor o menor éxito...

La Operación Grial, desarrollada en Noviembre de 2009 con Paquillo Fernández y Walter Viru como principales castigados, fue una manera de distraer a la opinión pública española de dos hechos desgraciados: la crisis económica, galopante a sus anchas por el país, y el fracaso de Madrid 2016, una campaña propagandística brutal con objeto de generar un golpe de efecto en favor del Gobierno en general y los dirigentes deportivos en particular. Y si para ello había que cargarse a una estrella (marchita, eso sí) del deporte patrio... Pues nada. Se hacía. Todo sea por distraer y restaurar la imagen de los dirigentes, que ahora podían volver a vanagloriarse de su Ley Antidopaje.

Seguimos avanzando en el tiempo. Caso Brugal, Julio de 2010: una de las tramas relacionadas con el Caso Gürtel, corruptela mayúscula donde el Partido Popular estaba metido hasta las trancas. Dentro de las muchas escuchas e investigaciones realizadas para Brugal, los gobernantes encontraron un filón: conversaciones de Enrique Ortiz, propietario del Hércules C.F., para amañar partidos que su equipo debía ganar para ascender a Primera División. No se destapaba ningún hecho desconocido: en el fútbol la compra de partidos está a la orden del día, en especial en las categorías de plata y bronce. Pero de nuevo se facilitó la información a medios del Grupo PRISA para generar un pequeño escándalo y poner de manifiesto la necesidad de una ley contra el fraude deportivo. Una vez más, los implicados no serán juzgados por este delito de manera apropiada; una vez más, se aprueba una ley ad hoc contra estos casos. Una ley, por cierto, que entrará en vigor el próximo 23 de Diciembre.

Esta mañana ha llegado a la Operación Galgo. Marta Domínguez, atleta de primera línea mundial (y ex contendiente a las Municipales de 2003 con el Partido Popular) es la estrella sacrificada; Manuel Pascua Piqueras, la comidilla para aficionados. Analicemos el momento. Faltan seis meses para que se celebren las elecciones municipales, en las cuales Lissavetzky es candidato a la alcaldía de Madrid. Se acaba de perder la posibilidad de organizar el Mundial 2018 de fútbol por lo deficiente de la campaña junto a Portugal destinada a propiciarlo. El Gobierno acaba de aprobar varias medidas (y decretos) que son, en su mayoría, recortes sociales de auténtico escándalo, que reflejan una zozobra tristemente asentada en el Ejecutivo.... Unas medidas que han sido ocultadas con el millón y medio de euros que se ha gastado El País en “comprar” la exclusiva de Wikileaks y con la huelga de los controladores aéreos, forzada por el Gobierno a fuerza de recortar derechos laborales a un colectivo que de por sí no gozaba de buena imagen en la opinión pública; un colectivo que ahora ha sido militarizado y pronto será privatizado...

Oportuno, ¿verdad?

Pues tristemente, en mi opinión es lo que hay. Estamos a merced de unos poderes económicos y políticos desbocados, auténticas moles dispuestas a llevarse por delante lo que haga falta con tal de favorecer sus intereses. El otro día pagó los platos rotos el gremio de los controladores; hoy le toca al deporte. Gracias a la ineptitud de Telecinco, la Operación Galgo está perjudicando la imagen de un gran ciclista como Luis León Sánchez...

Nada. Perdón por salirme de la temática del blog. Pero tenía que decirlo: la sociedad española se nos cae encima.

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